Por aquella ventana / que al campo salía /le daba voces a la mare de mi alma /y no me respondía”, dice una seguiriya atribuida a El Nitri. Pero esta primavera sí ha habido respuesta, y el palo oscuro de la seguiriya no es ahora el protagonista de la fiesta: por la ventana ha entrado para Barcelona una primavera de euforia que se arranca por bulerías, pues no sólo el Barça y la nueva terminal de El Prat han contribuido a dar relieve a nuestra ciudad en el mapa del mundo. Está también lo del Taller de Músics. Lluís Cabrera y su gente están eufóricos: son muchos años de lucha para conseguir lo que por fin ha llegado este mes de junio de manos del Ayuntamiento y el Departament d’Educació: la semana pasada recibieron la documentación que acredita al Taller como centro de enseñanza superior, lo que va a permitirles otorgar titulación oficial de grado superior y hacer del centro un polo de atracción para estudiantes de otros países. “Treinta veces me los he leído”, decía Cabrera en los alborozados SMS que nos enviaba, y vive dios que muy arrebatado hay que estar para leerse treinta veces la apasionante literatura de la Conselleria d’Educació. Lo cierto es que fue hermoso para muchos poder compartir este momento, porque igual que el Barça es más que un club, el Taller es mucho más que una escuela de música.
Fundado en 1979 con la voluntad de promocionar el jazz ylamúsica popular, el Taller ha sido el buque insignia de este género en nuestro país. No hay músico de este ámbito que no haya tenido algo que ver con la escueladel Raval. Alolargo de los años, se ha abierto aotros géneros, en particular al flamenco ya la música latina, pero sin perder el rigor que forzosamente ha de caracterizar cualquier producción artística que se precie. Tiene desde hace años un programa de estudios propio y sus actividades se cuentan por docenas: audiciones para escuelas, seminarios internacionales,monográficos de todo tipo, ya propósito de verano, cursos intensivos como los que ahora están presentando para estas vacaciones. Las ideas no han parado de multiplicarse desde aquellos inicios inciertos de principios de los ochenta. Creo que fue por aquella época o poco después cuando fui alumna del Taller. Fue poco tiempo, porquemis pasos por lamúsica han sido tan numerosos como breves. Pero el suficiente para darme cuenta de que se trataba de una experiencia muy distinta a lo vivido hasta entonces en cuanto a aprendizaje musical. Era una manera de ver la música que por fortuna se ha ido extendiendo en la pedagogía musical, un aprendizaje que posibilita al alumno contemplar el lenguaje musical como un universo con sentido propio, saber relacionar los elementos que lo con forman y combinarlos para improvisar si es preciso. Ahora que se han convertido en Institut Superior d’Estudis Musicals convendrá que tengan presentes los riesgos que puede entrañar el hecho de verse obligados a rendir cuentas académicas: en sus orígenes está el fomento de la espontaneidad del alumno, de su capacidad de improvisación, de una sensibilidad para la música que,muchas veces, surge del individuo autodidacta.Habrá que estar alerta para que la academización de sus estudios no vaya en detrimento de estas cualidades. Pero, lo dicho, alegría: se celebra una empresa que empezó como suelen empezar las cosas más hermosas: sin saber mucho adónde iba ni cómo ni por qué. Lo que sí supieron desde siempre es combinar la exigencia con la necesidad de ampliar los horizontes de la enseñanza musical abriéndose a la música popular. Yeso es grande, porque como el Pájaro (the Bird), no hay líneas que limiten a la música: el arte no tiene fronteras.
Imma Monsó, La Vanguardia, 20/06/2009
No hay entradas o noticias relacionadas:
Esta entrada se publicó el 20.06.2009 a las 20:08 bajo las categorías Escuela, Noticias. Puedes seguir los comentarios con el RSS 2.0 feed. Responses are currently closed, but you can trackback from your own site.
